marzo 2013
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El uso de la ficción en los Tres Caínes no solo tiene fines dramáticos, también contiene fines políticos e ideológicos. Uno de ellos es ocultar los antecedentes del paramilitarismo al pretender exponerlo como el resultado de la venganza de un niño que vendía quesos.
2015/ Marzo 23/ Por: Alexander Escobar

Culpar a la insurgencia del surgimiento del paramilitarismo es un hecho evidente en los Tres Caínes. Presentar el paramilitarismo como un acto de venganza contra la guerrilla, por la muerte del padre de los hermanos Castaño, es la idea fundamental que la serie del canal RCN pretende imponer para desviar la atención del terrorismo de Estado.

La venganza existe, es claro, y el dolor por la muerte de su padre en manos de la guerrilla, también, como un hecho que debemos lamentar. Sin embargo, las actividades delictivas de los Castaño no inician a partir de la muerte de su padre, como pretende exponerlo la serie. Para ese momento, 1981, Carlos Castaño ya no vendía quesos, estaba vinculado al sicariatoen la organización criminal de Pablo Escobar en Medellín, con quien su hermano mayor, Fidel Castaño, ya tenía negocios en la comercialización de droga”[1].

Son datos claves que se omiten para modificar los perfiles de los victimarios, y para manipular emocionalmente el imaginario del televidente que termina justificando el surgimiento del paramilitarismo por medio de una mezcla perfecta entre dolor y venganza. Para ello emplean la imagen de Carlos Castaño como el niño que vende quesos, y no como el adolescente vinculado al sicariato en la organización criminal de Pablo Escobar.

El uso de la ficción en los Tres Caínes no solo tiene fines dramáticos, también contiene fines políticos e ideológicos. Uno de ellos es ocultar los antecedentes del paramilitarismo[2] al pretender exponerlo como el resultado de la venganza de un niño que vendía quesos. Por ello el término “terrorismo de Estado” no tiene relevancia en la serie, ni siquiera se pronuncia; aparece difusamente para ser interpretado, en el mejor de los casos, como un hecho derivado, mas no como el responsable del paramilitarismo.

Para el libretista de los Tres Caínes, Gustavo Bolívar, el paramilitarismo nace en la serie por la venganza de los Castaño, y no como lo que es: una estrategia sistemática de las clases dominantes para despojar al campesinado de sus tierras y asesinar a la oposición política, y en el caso de los Castaño, con un elemento adicional, asegurar las rutas del narcotráfico. 

Otro de los objetivos ideológicos de la serie es tildar de guerrilleros a quienes piensan de modo distinto, o hacen parte de alguna expresión política opuesta al Gobierno. Este no es un señalamiento que pierda importancia porque lo pronuncia un jefe paramilitar, todo lo contrario, es una estigmatización real de quien le fue otorgado el estatus de vengador por el libretista, y que por fuera de la pantalla refuerza las declaraciones y señalamientos cotidianos de mandatarios, funcionarios del Gobierno, y sectores de la derecha colombiana que instalan esta idea en la sociedad. En otras palabras, los Tres Caínes no puede verse como un hecho aislado del arsenal mediático que emplean los canales privados para reproducir las voces de la oficialidad que califican de guerrilleros a quienes piensan en modo distinto al Gobierno. Es decir, los Tres Caínes son un complemento evolucionado y diseñado para trabajar de la mano con noticieros y programas de “opinión” que ejercen un control ideológico sobre la sociedad.

Pero algo más deplorable sucede con esta serie. Las víctimas del paramilitarismo ven cómo sus victimarios se convierten en vengadores y bravos guerreros cuyos crímenes pasan a segundo y tercer orden por el protagonismo que adquieren los conflictos internos (amorosos y familiares) que introducen los libretos para los Castaño, y que generan una carga emocional en el televidente que termina sufriendo e identificándose con el victimario[3]. El hecho que podría ser visto como algo normal en la elaboración del perfil de un personaje, no puede abordarse de tal manera, en tanto que esto no está determinado por una necesidad estética o dramatúrgica; son los perfiles de los Tres Caínes el desarrollo de unos fines ideológicos que buscan desviar la atención del paramilitarismo como estrategia del terrorismo de Estado, fines que reducen todo a cuadros pasionales, y peleas y traiciones entre narcotraficantes, mientras se sostiene la idea de que el paramilitarismo es producto de la venganza de un niño que vendía quesos.

En cuanto a las víctimas, aparecen bajo un perfil gaseoso, sin trascendencia y trato digno, sin un contexto político claro donde la dimensión de la tragedia vivida es solo un mensaje dado a manera de twitter, una voz sin memoria, silenciada por el estruendoso protagonismo otorgado por el libretista a los victimarios que son presentados como vengadores y bravos guerreros.

La producción de narco-novelas y para-series va a continuar en Colombia. Pero para el libretista de los Tres Caínes la culpa recae en el televidente. “Los canales ponen lo que la gente quiere ver”, son las palabras de Gustavo Bolívar; palabras que ocultan el trasfondo de la responsabilidad de los medios de comunicación privados. Porque “lo que la gente quiere ver” no es otra cosa que los programas que los canales privados la acostumbraron a consumir; son ellos los responsables de haber formado un tipo de público para el narco-rating y, hoy por hoy, para el rating del terrorismo de Estado de los Tres Caínes.

Marzo 25 de 2013

Notas

[2] La estrategia paramilitar no fue diseñada para “combatir a la guerrilla”, como comúnmente se difunde. Prueba de ello reposa en el Informe elaborado en el año de 1962 por la Escuela de Guerra Especial de Estados Unidos, donde se recomienda a Colombia “impulsar sabotajes y/o actividades terroristas paramilitares contra conocidos partidarios del comunismo”. Para ese año las guerrillas liberales estaban extintas, y los grupos guerrilleros de orientación "marxista o semi-marxista" se conformaron definitivamente entre los años de 1964 y 1965. Al respecto puede consultarse el documento “Los gobiernos de Estados Unidos y el paramilitarismo colombiano”, elaborado por el CINEP, Centro de Investigación y Educación Popular: http://www.nocheyniebla.org/files/u1/casotipo/deuda/html/pdf/deuda19.pdf. Sin embargo el paramilitarismo en Colombia se remonta al período conocido como La Violencia, cuyo detonante fue el asesinato del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán, ocurrido el 9 de abril de 1948. Durante ese tiempo los paramilitares se conocieron como “los pájaros” y “los chulavitas (o “policía chulavita”).
[3] Es importante ver el video realizado por la empresa Etnológica en un barrio de la ciudad de Medellín, donde se apreciael impacto que las narco-novelas genera en un grupo de niños: http://youtu.be/uEprPpDGgeM




Primero que todo, saludamos enérgicamente la importante victoria que obtuvieron los trabajadores y trabajadoras del Comité Pro-mejora salarial en la mesa de negociaciones establecida para acordar los puntos exigidos justamente. Una vez más, la experiencia nos demuestra que con la lucha, la protesta, la resistencia y la propuesta, es como logramos conseguir nuestras demandas y como avanzamos en la consecución de un país justo, democrático y en paz. No lo es –indiscutiblemente- con la normalidad y con paños de agua tibia como nos hacemos escuchar de este Estado y esta clase dominante que históricamente se ha hecho la sorda ante las exigencias y necesidades del pueblo colombiano. Seguramente, quedará para la historia, una demostración más del poder y la fuerza del pueblo cuando se organiza y pelea por sus derechos, hito que sin lugar a dudas alienta las luchas sociales y populares y le demuestra a los incrédulos en el poder del pueblo y la movilización, que sí se pueden tener ganancias cuando nos organizamos y decidimos a toda costa defender lo que por derecho propio nos corresponde.

La mayoría de estudiantes de la Universidad Nacional de Colombia, somos hijos e hijas de trabajadores y trabajadoras, y conocemos en carne propia lo que implica –para nuestras familias- el que nuestros padres tengan salarios irrisorios, con los cuales apenas pueden sostenernos a partir de un gran esfuerzo y de un cálculo exhausto de todos los gastos que tenemos a diario. Por lo tanto, no puede quedarnos tan difícil entender la justeza de la lucha que libraron los trabajadores simplemente porque el Estado y la Universidad, les reconozca el gran e importante esfuerzo que hacen día a día por un buen funcionamiento de nuestra Alma Mater; asunto que implica por supuesto, una reivindicación salarial en el marco de lo legalmente constituido, pues el ajuste exigido y ganado, no es nada salido de los cabellos, pues ha sido dinero que han dejado de recibir durante casi dos décadas. No pasa lo mismo –por obvias razones- con los trabajadores del sector defensa, pues ellos, vienen recibiendo cualquier tipo de dadivas y mejoras salariales, porque el Estado requiere que estén muy contentos y juiciosos en el mantenimiento de la guerra que sostienen, por eso –y muchos otros intereses- estos sectores de trabajadores sí cuentan con mejores condiciones de trabajo.

En este marco cabe preguntarnos, cuál es la función principal del Estado, ya que como es evidente, el Estado y sus gobiernos de turno, privilegian las acciones bélicas y la financiación de la guerra, por encima de la academia, el conocimiento, la investigación, la ciencia, la tecnología y aún más por encima de la garantía plena de los Derechos Fundamentales (Educación, Salud, Trabajo digno, Vivienda, etc.) que con esfuerzo nos hemos ganado como pueblo, esto a sabiendas que las funciones misionales de la Universidad son instrumentos que indiscutiblemente pueden servir para generar propuestas viables que ayuden al país a salir de la miseria de la mayoría de su población y a superar el conflicto social y armado por la vía del dialogo. Pero no, lamentablemente a este Estado no le interesa el bien común ni el buen vivir de toda la población, ni está en sus prioridades garantizar los derechos del pueblo, por eso es que estamos como estamos, pues nos han llevado hasta el punto en que todo es un negocio y un mercado lucrativo para terceros, pues mientras la gente se mata trabajando, finalmente los que gozan de ese dinero son los dueños de las empresas a las que la gente termina entregándoles todo su salario, pues el Estado no garantiza absolutamente nada.

En este marco, sabemos que el problema que hoy denuncian los trabajadores de la UN, es apenas una consecuencia de la des financiación de la Universidad Pública y por ende de su privatización, es decir, el problema tiene raíces profundas que surgen de las políticas gubernamentales y estatales en el marco de un modelo económico neoliberal que traza las líneas orientadoras para que el Estado se deshaga de todas sus responsabilidades y genere unas condiciones para la prestación de servicios, la mercantilización de los derechos y por ende de la vida misma. Por eso, pensamos que el triunfo de los trabajadores logrado en este momento, es una importante ganancia al capital, a la privatización y a las políticas neoliberales del Estado, aunque no es la lucha final, sí es una ganancia importante y trascendental.

Desde el Proceso de Organización Estudiantil, nos hemos solidarizado con la lucha de los trabajadores porque conocemos de sus causas y de la justeza de sus exigencias, porque somos hijos e hijas del pueblo asalariado. Igualmente, manifestamos la necesidad de obtener unas garantías académicas para continuar satisfactoriamente con el semestre, por lo que las directivas a nivel Nacional y de Sede tienen que comprometerse a darnos todas las garantías, buscando que se evite una masacre académica y un semestre mediocre, pues nuestra lucha es por una academia gratuita y de calidad. Ante esto, llamamos a los estudiantes y a todos los representantes estudiantiles a velar por unas condiciones básicas para que se desarrolle el 100% del semestre y de la programación académica en cada unas de las asignaturas, y en esta tarea, disponemos de los compañeros que siendo de nuestra organización, son a su vez representantes estudiantiles.

Finalmente, llamamos a los estudiantes a ser consientes que nuestra lucha, está en el marco de una educación diferente, y por ello, desde la Mesa Amplia Nacional Estudiantil, se construyó un borrador de ley que todos y todas debemos conocer y respaldar, por lo que es necesario que se lea, discuta y aporte frente a este documento, para ello invitamos a participar en todos los espacios que se abrirán así como en las reuniones por carreras que se vienen convocando. Igualmente llamamos a la movilización del Jueves 21 de Marzo, en la que los estudiantes exigiremos GRATUITAD CON CALIDAD, para nuestra academia.

Fraternalmente,

PROCESO DE ORGANIZACIÓN ESTUDIANTIL –PROES-
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE PALMIRA
Marzo 18 de 2012.


Visítanos en : http://proesunalpalmira.blogspot.com/





Una luz de esperanza se asoma en nuestra patria: ha vuelto a resurgir el diálogo, y un acuerdo definitivo de paz se hace cada vez más urgente y posible. Colombia entera clama por una solución política, pacífica y negociada del conflicto interno que vivimos.

Porque somos mas, la llave de la Paz está en nuestras manos, el diálogo de La Habana requiere el respaldo de toda la sociedad, porque Colombia no resiste mas heridas causadas por la guerra, porque la Paz debe traer consigo muchas transformaciones necesarias e inaplazables que deben ser construidas por todos y todas.

La Paz es también un Estado que brinda garantías a sus ciudadanos, defendiendo los intereses de la comunidad: el agua, el trabajo, la salud, la educación y la vida. Porque la paz es también la defensa de lo público. La paz debe superar la ambición desmedida de quienes han visto en la guerra y en el despojo de la tierra la fuente de sus enormes riquezas. Colombia es uno de los tres países más desiguales del mundo.

Los diálogos en pro de la Paz, el diálogo de La Habana del Gobierno Nacional con las FARC -y los diálogos que puedan abrirse con el ELN y el EPL- requieren el respaldo de toda la sociedad. Porque la paz se teje con mano ciudadana. El acuerdo imprescindible del Estado y la insurgencia sólo será posible y duradero si campesinos, indígenas, trabajadores, intelectuales, estudiantes, empresarios, los hombres y las mujeres de nuestro país, participamos en la construcción de la Paz con creyentes y no creyentes, con partido o sin partido, deportistas, artistas, defensoras de derechos humanos.

Y por supuesto, con las víctimas. Las generaciones pasadas reclaman de nuestra generación el acto supremo de justicia: la paz. Y las generaciones que vienen exigen de nosotros el acto supremo de humanidad: permitirles la existencia misma. Una vida digna. No es poca la responsabilidad que nos cabe a los colombianos y colombianas del presente.

El Gobierno Nacional y los grupos insurgentes han escuchado esos mensajes contundentes de la sociedad colombiana: mantener el diálogo hasta lograr un acuerdo definitivo, abrir el camino de la Paz y la justicia, aportar en la construcción de la democracia y reconstruir el país. En suma somos más quienes reclamamos nuestro derecho a la Paz, la democracia y lo público.

Colombianas y colombianos:

“La Paz es un efecto, tiene sus causas: el respeto de los asociados a los derechos mutuos”. Lo dijo Gaitán hace 65 años. Conscientes de su legado histórico, de la veracidad y la vigencia de tal afirmación, las y los convocamos para que el 9 de abril las calles de Bogotá y de todo el país sean el recinto sagrado donde pronunciar nuestra segunda Oración por la Paz; será el modo de expresar nuestro respaldo irrestricto a los diálogos del Estado y las FARC; pero sobre todo para que de nuestras manos, sueños y corazones surja una Colombia nueva, guiada por una voluntad creciente de justicia social y reconciliación.

9 de abril: Movilización Por La Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público.
Somos más, ahora sí la paz
Comité de Impulso Movilización Por La Paz, la Democracia y la Defensa de lo Público.



Con la presencia de más de setecientas personas, la Asociación de Trabajadores CampesCinos del Valle del a Cauca –ASTRACAVA– conmemoró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora con la realización del III Encuentro de Mujeres Luchadoras y Trabajadoras.

La cita fue el 10 de marzo en el municipio de Sevilla, donde  mujeres trabajadoras y luchadoras del campo, de procesos agrarios y comunitarios, se encontraron para continuar afianzando sus luchas y procesos organizativos.

Este es el tercer año consecutivo que ASTRACAVA conmemora el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Recuperar la memoria histórica y afianzar la lucha de la mujer, son algunos de los objetivos del evento.

Pero también tiene como objetivo constituirse en un espacio para la cultura y el compartir. Desde la primera versión del evento, la música y los saberes tradicionales siempre han estado presentes como forma de hacerle frente a la visión mercantilista que el capitalismo quiere imponer sobre el Día Internacional de la Mujer. Por tanto la importancia del Encuentro de Mujeres Luchadoras y Trabajadoras que anualmente realiza ASTRACAVA, puesto que constituye un escenario para la visibilización del trabajo político y avance organizativo de las mujeres como forma de hacerle frente a la imposición capitalista que las reduce a ser vistas  meramente como un objeto ornamental 

Es determinante el aporte que la mujer viene entregando a la lucha agraria y el papel activo que desempeña en la búsqueda de la solución política al conflicto social y armado y la lucha por alcanzar la paz con justicia social para el país. Por tanto la importancia de afianzar este tipo de espacios que contribuyan a la recuperación de la memoria histórica de estas luchas que siempre han acompañado las gestas libertarias y procesos organizativos en Colombia. 


ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES CAMPESINOS DEL VALLE DEL CAUCA
SEVILLA, 10 DE MARZO DE 2013




INTRODUCCIÓN

La mujer tiene un legado histórico en la lucha popular. Ha sido protagonista en la lucha social en Colombia desde los tiempos de la conquista, pasando por la colonia, por el accionar del aguerrido ejercito libertador, por la organización de la lucha obrera, por la resistencia a la violencia estatal que dio origen al movimiento insurgente en los sesentas, y hoy, sigue siendo protagonista en la lucha por el reconocimiento de los derechos de la mujeres y por la paz con justicia social. Es importante para la Asociación de Trabajadores Campesinos del Valle del Cauca –ASTRACAVA– reivindicar y conmemorar el papel de la mujer campesina que lucha día a día con sus familias, generando espacios de unidad y organización popular por una Colombia en paz con justicia social.

Esta jornada pretende dar reconocimiento a las mujeres campesinas luchadoras que con su papel histórico han aportado a la transformación de la sociedad, haciendo conciencia de los grandes retos que tienen como sujetas políticas en la búsqueda de un mejor país y una mejor sociedad, digna de heredar a las nuevas generaciones. Además de destacar el trabajo de nuestras compañeras en el proceso agrario y popular para que continúen fortaleciendo sus organizaciones.

OBJETIVOS

-       Conmemorar el día internacional de la mujer trabajadora.
-       Rescatar la memoria histórica de la lucha de la mujer trabajadora.
-       Destacar el papel de la mujer trabajadora del campo en las luchas agrarias.
-     Hacer un homenaje a las mujeres luchadoras que hacen parte de nuestro procesoagrario y social.

METODOLOGIA
El día internacional de la mujer trabajadora se conmemorará el domingo 10 de Marzo, entre las 9:00 am y las 4:00 pm. Se realizaran dos presentaciones, una del contexto histórico sobre el origen de la conmemoración y otra sobre la importancia de la participación de la mujer campesina en las luchas agrarias. Se presentaran grupos artísticos con interpretaciones musicales sociales y campesinas. Las participantes podrán apreciar una galería de memoria sobre el papel de la mujer en la lucha popular. Los asistentes podrán estampar camisetas u otra prenda con el logo del evento. 

Lugar
Municipio de Sevilla, parque recreacional
El posible lugar de realización es el siguiente:


Programación

9:00 – 9:40 Presentación, saludo de la CCVC, subdirectivas y/o grupos de mujeres, saludo de organizaciones invitadas, saludo de Marcha Patriótica.
9:40 – 10:00 Presentación: Contextualización histórica del día internacional de la mujer trabajadora.
10:00 – 10:15 Presentación: El papel de la mujer en las luchas agrarias.
10:15 – 10:45 Recorrido de la galería de la memoria: El papel de la mujer en las luchas agrarias y populares.
10:45 – 11:05 Refrigerio
11:05 – 11:40 Performance Liberarte
11:40 – 1:00 Almuerzo
1:00 – 1:40 Muestra Gastronómica e Intercambio de Semillas.
1:40 – 4:40 Presentaciones Artísticas: Red Hip Hop, Aires del Campo, Renacer de Toche, Sabor Andino, teatro vive.
4:40 – 5:00 Palabras finales, entrega de recordatorio
Salida de delegaciones

Durante todo el evento: Estampados de camisetas.



   

Nunca le vi como un intelectual, siempre le vi como alguien más agradable. Pero poseía toda la intelectualidad del mundo, los buenos maestros, el buen cine, y las buenas lecturas. Y sabía qué hacer con ellas. Barack Obama fue víctima de esa genialidad.
2013/ Marzo 7/ Por: Alexander Escobar

Un último discurso, un último mensaje para los pueblos bolivarianos hubiésemos querido escuchar. Es este el dolor más hondo que nos embarga: la ausencia de una despedida emotiva de quien unía pueblos como reinventando Sanchos y Quijotes.

Hablábamos de Bolívar siempre, de su gesta libertadora, del proyecto bolivariano. Y trabajábamos para ello, como aún lo hacemos. Pero no podemos mentir; no importaba qué tanto lo quisiéramos, qué tan duro trabajáramos en nuestras organizaciones, sectores o países, la materialización del proyecto continental era una tarea ardua que no tenía fecha, solo especulaciones que cambiaban año tras año a pesar de los avances.

Igual que con Bolívar, con Chávez las cosas cambiaron. Su locura fue fundamental. Hacer de su cuerpo el alma de El Libertador nos enseñó lo que es el sueño bolivariano: una obsesión libertaria que atraviesa el cuerpo y se vuelve fervor, palabra, consigna y acción revolucionaria.

Su locura fue torrente de lucha, de lucidez, de pasión que contagia y despierta a nuestra América. Organismos como el ALBA, UNASUR y la CELAC, fueron sueños materializados de esa locura de unidad bolivariana sembrada por Hugo Chávez.

En él las palabras eran la acción misma. Cada frase suya era un compromiso, un movimiento en las calles y montañas, la voz del pueblo bolivariano actuando en el poder. No eran sus discursos una forma de informar o dar balances de Gobierno. No, Chávez hacía algo más importante con las palabras, sus discursos eran el alivio de sentirse en las calles, la emoción de encontrar a su gente al volver de infinitas reuniones ministeriales y protocolarias.

Y muchos fueron los ataques recibidos por no hablar como intelectual postmoderno, por no dar discursos de mandatario prudente. Esto lo hizo aún más insoportable para la contrarrevolución, los intelectuales light, y el imperio norteamericano: la voz de un hombre preocupado más por las calles que por las academias, la imagen, y los salones sociales de la burguesía. No podía hablar de otra manera, porque siempre estuvo unido al pueblo, riendo, con cerveza en mano, con un tinto, quizá viendo un partido de futbol o de beisbol, o disfrutando una película mientras consolidaban el sueño continental bolivariano. Era para él la revolución un hecho cotidiano, y su palabra provenía del pueblo que derrota imperios y construye academias para las calles y montañas.

Nunca le vi como un intelectual, siempre le vi como alguien más agradable. Pero poseía toda la intelectualidad del mundo, los buenos maestros, el buen cine, y las buenas lecturas. Y sabía qué hacer con ellas. Barack Obama fue víctima de esa genialidad. Aún recuerdo a Chávez caminando hacia él, sonriente, con paso, ritmo y sabor caribeño, y llegar hasta su asiento para obsequiarle Las venas abiertas de América Latina en una cumbre de UNASUR. Fue aquel el acto simbólico más significativo en la historia reciente de nuestra América: recordar al imperio norteamericano que tenemos memoria, y que no olvidamos la infamia que representa su presencia en nuestro suelo.

“Huele a azufre” es la frase que no olvido, y veo su rostro a diario pronunciarla. Me recuerdan las advertencias de Bolívar sobre la llegada del imperio norteamericano. Jamás la olvidaré. Porque con Chávez aprendimos a sentir el olor del imperio, a resistirle, combatirle y derrotarlo. Así lo aprendimos en medio de la angustia de aquel mes de abril de 2002, cuando el olor del azufre se tomó a Venezuela. Lo aprendimos al calor de la lucha bolivariana que no claudicó ante la adversidad, y que acabó con el olor nauseabundo del golpe imperialista de 2002. Lo aprendimos en ese año y ese mes, cuando el pueblo venezolano volcado en las calles derrotó a las armas del imperialismo, sacó corriendo los golpistas del Palacio de Miraflores, y restituyó a su Comandante Presidente Hugo Rafael Chávez Frías.

No es invencible el imperialismo, es una de las enseñanzas que debemos a la bella locura de Hugo Chávez.

Aún huele azufre, querido Comandante, pero no será por mucho tiempo… Ahora tu alma y la de El Libertador habitan en cada cuerpo.

Marzo 7 de 2013



COMUNICADO A LA OPINION PUBLICA


El Paro Cafetero en el que millares de campesinos se han tomado las carreteras de varios departamentos del país desde la semana pasada, es la respuesta más justa de los productores ante la política de empobrecimiento, marginación, exclusión y olvido, ejecutada por el Gobierno Nacional y la Federación Nacional de Cafeteros (FNC).

Respuesta justa que sobrepone la lucha por la dignidad de los explotados por encima de los intereses funestos de los grandes productores y exportadores. Éstos a través de la historia, han amasado sus riquezas con el trabajo de un ejército de jornaleros sin garantías salariales y ni qué decir de las laborales, mediante la tierra usurpada en la guerra civil mal llamada “violencia” de dos décadas a mediados del siglo pasado, por el grano mal pago y sin lugar a dudas por la implementación de una política cafetera orientada a endeudar hasta los tuétanos al campesinado, como medio para financiar la producción y comercialización del grano de los grandes productores, principales beneficiados de los incentivos económicos para la producción.

La lucha del campesinado por territorios para el café es una lucha contra la locomotora minero – energética del Gobierno Santos, quien se ha empecinado en convertir las tierras de los campesinos, que hasta hoy nos han provisto de alimentos, en un gran hueco desierto, pedregoso y contaminado. Vale decir, que el Plan Colombia Minera 2019 concesionará cerca de 20 millones de hectáreas para la extracción de minerales, por tanto este bazar de tierras y territorios hará más ricos y poderosos a los “santos” dueños de las empresas transnacionales y dejarán en la miseria y en la calle a sus verdaderos protectores y propietarios, que le han creado riqueza y desarrollado infraestructura a la nación por más de un siglo y medio.

No es ningún crimen que los campesinos cafeteros exijan un pago justo por los sacos producidos, más bien estas propuestas deben entenderse como una apuesta de equitativa redistribución de las abultadas ganancias de la FNC que a la fecha son apropiadas por un grupo selecto de las más poderosas familias de empresarios. Tampoco es un crimen que se proponga al Gobierno que se prohíban las importaciones de cafés de mala calidad de países vecinos y distantes, pues éstas han conducido al empobrecimiento de los productores.

Lo que sí se constituye en un crimen es el trato vil y despótico de la fuerza pública contra la inerme población, la que ha sido vejada, apaleada, maltratada. Este trato infame, demuestra que Colombia sigue siendo la de Miguel Abadía Méndez, quien defendió los intereses de las transnacionales bananeras con la masacre de las bananeras de diciembre de 1928.

La Colombia de Santos está lejos de ser una democracia. No hay respeto alguno por el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, como tampoco  los derechos constitucionales a la libertad de organización, movilización y protesta. Lue  go no es un buen precedente para la paz, que desde las altas esferas del Estado se aliente a la fuerza pública para que arremeta brutalmente contra el campesinado pacíficamente movilizado.

Por estas razones la Asociación de Trabajadores Campesinos del Valle del Cauca, ASTRACAVA, se solidariza con los hermanos campesinos que vienen participando del Paro Nacional Cafetero. Como lo hemos expuesto en otras oportunidades, consideramos que la solución del problema de los cafeteros, especialmente de los pequeños y medianos productores, son sin duda alguna un paso importante para construir la ansiada paz con justicia social.

En sucesivas oportunidades hemos propuesto que la solución al problema de los campesinos, indígenas y afrocolombianos, parte del reconocimiento de su papel político como sujetos de derechos y del aporte de la producción campesina en la economía nacional, siendo menester que:

1. Se establezca una nueva legislación agraria que reconozca al campesinado políticamente, proteja la economía agraria nacional; de pasos certeros hacia una reforma agraria democrática dentro de la frontera agropecuaria e incentive la producción, transformación, mercadeo y comercialización de productos generados por los pueblos campesinos, indígenas y afrocolombianos.

2. Se ordene el territorio con participación popular, de tal manera que se limiten las zonas mineras, no se superpongan en los territorios de las comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas y en consecuencia NO afecten la producción agraria ni los espacios destinados a la conservación del medio ambiente y la naturaleza.

3.  Se desarrolle una modificación estructural de la Federación Nacional de Cafeteros para que sea dirigida principalmente por campesinos y no por empresarios, lo que garantizará que exista justicia redistributiva de la renta cafetera, donde los más necesitados reciben más recursos.

4.  Se garanticen los derechos laborales de los jornaleros del café. 

Invitamos a los campesinos vallecaucanos en particular y al pueblo colombiano en general, a sumarse a la Movilización por la Paz con Justicia Social este 9 de abril en Bogotá, esta marcha tiene el objetivo de  respaldar el proceso diálogo como la única alternativa para la solución política del conflicto social y armado colombiano.

Finalmente invitamos a participar masivamente en las Constituyentes por la Paz, cuyo propósito de darle la palabra al constituyente primario que es el pueblo colombiano para que discuta y proponga las soluciones a las causas sociales, económicas y políticas que han originado el conflicto armado colombiano.

Las Constituyentes por la Paz son una preparación de la posible Asamblea Nacional Constituyente en donde se refrendarían los acuerdos de la Mesa de Diálogo de La Habana.

POR LA PAZ CON JUSTICIA SOCIAL, POR LA PAZ CON TIERRA, TERRITORIO Y DIGNIDAD PARA LAS COMUNIDADES

¡VIVA EL PARO NACIONAL CAFETERO!

Valle del Cauca, Marzo 6 de 2013




El movimiento Político y Social Marcha Patriótica capítulo Valle del Cauca, invita a rendirle un homenaje al gran líder latinoamericano Hugo Chávez Frías, el próximo viernes 8 de marzo a partir de las 10:00 a.m , en el paseo de Bolívar (Cam), de la ciudad de Cali

"A los que me desean a mí la muerte yo les deseo larga vida, para que vean como sigue la Revolución avanzando, de batalla en batalla y de victoria en victoria". Hugo Chávez

La desaparición física de Hugo Chávez solo reafirma la necesidad de continuar su legado,  de continuar trabajando por la  creación de un América unida, libre y soberana,

Miles de hijos e hijas de Bolívar continuamos levantando las banderas de la segunda y definitiva independencia, continuamos construyendo el sueño Bolivariano.

Nos vemos el viernes a partir de las 10:00 a.m para juntxs  decirle hasta siempre Comandante Chavez!

Chavez Vive! La Lucha sigue!





Pese a la visita del Ministerio del interior al departamento del Cauca, los caficultores continúan en un paro que  lleva diez días y que refleja la aguda problemática agraria que vive el país. El gobierno  colombiano no ha querido acceder a los cinco puntos que exigen más de ciento cuarenta mil campesinos en protesta en varios departamentos.

La Red de Prensa Alternativa del Suroccidente Colombiano –RPASUR- dialogó con Alonso Osorio, quien se encuentra en el municipio de Piendamo  Cauca, vocero nacional de Dignidad Cafetera y uno de los representantes por el departamento del Cauca en la mesa de negociación con el gobierno colombiano.


Estamos enfrentados al odio como estrategia de satanización hacia las luchas populares y como medio para sostener la guerra, saberlo de ante mano, es asumir con responsabilidad el espacio que queremos transformar con la comunicación alternativa. De ello dependerá el acierto de nuestros proyectos o, caso contrario, qué tanto desconocemos de la dominación.
Una deuda no pagada
2013/ Marzo 5/ REMAP/ Alexander Escobar [1]/

La fusión de dos escritos componen el siguiente texto: el primero, Medios de comunicación privados para el odio y la sumisión, concebido en febrero de 2012, y el segundo, La paz sin memoria de los medios del capital, escrito en febrero de 2013. Se han realizado algunos cambios, extraños momentos de ánimo o de indignación son responsables de que no siempre se escriba en modo similar; y por tanto, la necesidad de modificar o quitar algunas líneas para establecer un puente entre los dos escritos. Sin embargo otra razón lo hace necesario, en febrero de 2012 los diálogos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC no estaban instalados, y un año después, ya escribíamos pensando en ello.

Esto último también provocó que ocurriesen cambios. Los temas de la guerra y la paz con justicia social llevaron a la inclusión de nuevos párrafos. No fueron muchos, pero con ellos se descubre la urgencia de investigar sobre la evolución de los medios de comunicación privados en Colombia. Es necesario hacerlo, porque, al parecer, la tecnificación y sus formatos evolucionan acordes a la intensificación de la guerra. No obstante, la tarea implica incluir en el análisis el desarrollo de los medios en Latinoamérica y, sobre todo, en momentos de dictaduras. El caso venezolano es, quizá, el momento decisivo en que descubrimos lo moderados que habían sido los análisis sobre los mass media: su relación directa con el golpe de Estado dado al Gobierno del presidente Hugo Chávez, evidenció que éstos no solo son cómplices de dictaduras, sino que son los medios de comunicación privados la dictadura misma.

Pero la tarea es una deuda no consignada en las siguientes líneas, aparece solo a manera de insinuación en algún párrafo, y que espero sea la excusa para la unión de muchas manos que escriban sobre el tema.

Medios de comunicación privados para la sumisión, el odio y la guerra, es el “nuevo” texto que ha surgido, producto de una fusión forzada que hace necesaria su presentación en dos partes. Medios para el odio y la sumisión, es la primera, donde se aborda la injerencia de los medios sobre lo emotivo y algunos aspectos del ejercicio de la manipulación mediática; y Medios para la guerra, es la segunda, donde tocamos el tema puntual del conflicto colombiano y la búsqueda de la paz con justicia social.

He aquí pues el texto de una fusión forzada que espero sirva de invitación para cancelar la deuda investigativa que en las siguientes líneas no se paga.

Medios para el odio y la sumisión

Aceptación y satanización son términos implícitos, o efectos, de los discursos empleados por los medios privados de comunicación. La aceptación, para nuestro caso, la asumiremos como aquello que emerge entre la opinión pública como “la verdad”; la satanización, por su parte, la entenderemos como su opuesto, “la mentira”. Acudimos al término “satanización” no por azar, o por capricho de estilo de quien escribe. Se propone por la capacidad de injerencia que los medios privados tienen en la actitud de la sociedad.

En la actualidad no basta saber y demostrar cómo los medios masivos del capital encubren y mienten sobre el mundo en que vivimos. Es necesario, además, abordar la relación que ello establece con lo emocional. Porque los discursos también tienen una injerencia sobre lo emotivo, provocan odio y sumisión.
                                                                                    
Nuestra situación actual, a la que estamos siendo conducidos, se aleja del debate y los argumentos. En su remplazo, el señalamiento indiscriminado gana un espacio abismal. Contradecir la versión oficial de los medios así lo demuestra. Hoy disentir con el televisor no se recibe como una diferencia de opinión frente a lo dicho en noticieros y programas privados; obrar de esta forma, sin oportunidad de defensa alguna, significa ganar estatus de mentiroso frente a “la verdad” de la pantalla. El televisor es el nuevo ídolo, al que se venera como a un Dios, y su palabra es sagrada. Contradecirlo es pecado. Por tanto no solo somos mentirosos al contradecirle, además somos odiados, estigmatizados por los fieles que adoran la versión oficial.

En el mundo privado de los medios lo que importa no es la veracidad de los hechos ni la fuerza de los argumentos. Su accionar está determinado por la forma, la frescura de sus formatos y presentadores que imponen cualquier contenido, editado a su antojo. Su misión es recoger elementos fragmentados de la vida, de la cotidianidad, y elaborar con ellos un universo virtual de verdades aceptadas por la audiencia; son dioses mediáticos cuyos discursos evaden la exigencia de la argumentación y el debate.

Pero también son negocio. Entretener es su fuerte. No importa si es pobreza o muerte el tema, nada se salva de ser rentable. Para ello siempre habrá una música de fondo, un narrador con tono melancólico, y algunas miradas de niños y gente humilde en cámara lenta para hacer del drama algo entretenido y conmovedor. Tratan de mostrarlo como si fuese un gesto humano, cuando simplemente es una distracción pasajera que en pocos días será desplazada por otra tragedia más rentable y conmovedora. Pasan de tragedia en tragedia sin desnudar aquello que la produce. Presentan la pobreza como un acontecimiento espontáneo, natural, que nace y muere en el lugar que está, y cuya solución recae en la caridad de las personas. Mientras su trasfondo, sus verdugos jamás son tocados; no se informa sobre la corrupción y el saqueo legislativo del congreso que las provoca. Con golpes de pecho y llamados “al buen corazón” desvían la atención y esconden las causas del problema, a los responsables, a quienes diariamente despojan a la sociedad de oportunidades para una vida digna. Es una sutil forma de silenciar la crítica, la reflexión y la rebeldía ante la injusticia.

Los medios privados promueven temas para su aceptación y repetición. La sociedad es la presa que, sin argumentación y debate, repite y acepta un mundo virtual bien presentado, bonito, impecable. La realidad editada y tergiversada en formatos agradables a los ojos, los oídos, y la manipulación del corazón, resulta más entretenida que una realidad no-editada. La sociedad se vuelve adicta a la vida representada, mas no vivida. Cinco horas de magazín en las mañanas, una televisión sin angustias, sin debates sobre los problemas sociales, remplaza el tiempo de la vida en la calle, y desalojan en forma dramática el pensamiento y la acción para transformar la sociedad. Es un monopolio de la audiencia donde se imponen discursos con intereses definidos. No son temas para solucionar los problemas del pueblo, sino temas para sostener los intereses de los dueños del capital, que a su vez, y sin descaro alguno, también son propietarios de los medios. Son ellos quienes definen qué es “lo bueno” y qué es “lo malo”.

Controlar los temas es controlar las prioridades de la población, es controlar su ideología. No hablamos de lo que necesitamos, se nos impone lo que otros requieren que se diga. Los medios privados ejercen control sobre los discursos, y éstos sobre la actitud y actividades de la sociedad. El Tratado de Libre Comercio entre Colombia y E.E.U.U. es un ejemplo claro de lo anterior. Su aprobación fue celebrada en diarios y noticieros, y posicionado el tema como algo benéfico para el país. En sus medios no existe debate que diga lo contrario, a no ser por las breves intervenciones de organizaciones sociales cuyos argumentos, a manera de telegramas o twitter, quedan en desventaja ante los funcionarios del gobierno que poseen largas horas a la semana en los noticieros del capital.

Temas cruciales para la sociedad son tratados en modo similar. Son muchos los ejemplos que podríamos citar, casos innumerables, pero ahora nos interesa tratar un tema en particular: el conflicto colombiano y la búsqueda de la paz.

Medios para la guerra

En 1998 tres hechos se cruzaron en Colombia: la puesta en marcha de los dos primeros canales privados de televisión, el Proceso de Paz entre el Gobierno y las FARC (suspendido en el 2002), y las gestiones ante el Gobierno norteamericano para implementar el proyecto contrainsurgente conocido como “Plan Colombia[2]”.

Llama la atención que estos hechos ocurrieran en forma simultánea, porque la decisión de intensificar la política de guerra del Estado colombiano (con la implementación del Plan Colombia) coincide con el fortalecimiento de los medios de comunicación privados que obtuvieron sus dos primeros canales de televisión. Y recordemos que todo ocurre en 1998, cuando se adelantaba el Proceso de Paz entre el Gobierno del entonces presidente Andrés Pastrana y la guerrilla de las FARC, proceso que hoy también conocemos como los “diálogos del Caguán”. Debemos recordarlo porque es este, quizá, el episodio más claro donde observamos que la intensificación de la guerra y los medios del capital evolucionaron conjuntamente contra la solución política al conflicto colombiano. Vemos, entonces, a los medios de comunicación privados como un componente fundamental para el análisis del conflicto colombiano.

Tomemos por ejemplo los dos últimos procesos de paz. Ha sido función de los medios mantener la tensión y promover su ruptura. Si en los diálogos del Caguán el tema de la zona desmilitarizada era presentada como la “entrega” de una parte del territorio y la rendición del Estado colombiano a la insurgencia, hoy los medios llama “secuestrados” a los prisioneros de guerra capturados por las FARC para hablar de “la no voluntad de paz” de la guerrilla. Éstos son algunos casos concretos que podríamos citar. Sin embargo, la estrategia para actuar en contra de los dos últimos procesos de diálogos con las FARC, radica principalmente en tomar episodios de la confrontación armada, centrando la atención únicamente en las acciones de la guerrilla, y exponerlas como justificación para no continuar dialogando sobre la solución política del conflicto. Pero hay otra finalidad. También recurren a ello para reducir “la paz” a un simple proceso de dejación de armas de la insurgencia, toda una estrategia mediática diseñada para ocultar la no voluntad paz del Gobierno, cuya postura se traduce en la negativa de cambiar las estructuras económicas, políticas y sociales que hoy condenan al pueblo colombiano a la miseria.

Es determinante el papel que juegan los medios como actores del conflicto colombiano, en tanto que la guerra no solo representa una carrera armamentista, es la guerra, además, un discurso cotidiano que deber ser aceptado y avalado por la sociedad.

Y son los medios los encargados de imponer ese discurso. Para ello despliegan la propiedad privada que ejercen sobre la información, y desaparecen de sus programas la salida política al conflicto como opción a seguir; la omiten de tal manera que prácticamente es borrada del imaginario de las personas y presentada como una posibilidad absurda y descabellada. Aprovechan el monopolio de la audiencia del que gozan, y en su lugar exhiben la guerra como verdad, única solución. Hasta que la sociedad queda cautiva de su influjo, y finalmente acepta y repite el mismo discurso, mientras practica el odio y aclama la muerte: “¡hay que acabar con esos terroristas!”, son sus palabras, aunque inducidas por otros.

Muchas son las razones para no continuar la guerra, –y de las cuales nunca hablarán­–. Razones tan mínimas como saber que una simple operación matemática, de suma y resta, es suficiente para demostrar que el dinero dedicado a la guerra podría solucionar grandes problemas del pueblo, si fuera invertido para su bienestar. Pero lo último no tiene relevancia en la agenda noticiosa –obviamente–, ni se repite con la misma frecuencia que la palabra “terrorismo”. “Salida política al conflicto”, es una frase excluida del vocabulario de presentadores en noticieros, magazines y realitys, y la “operación matemática” que brindaría más recursos para la inversión social, es omitida en la programación de los medios privados.

Así se impone el odio como verdad, y la sensatez como mentira para ser odiada, estigmatizada. Los resultados son aterradores. Quienes proponen la salida militar al conflicto son aceptados en sociedad, mientras que aquellos que se oponen, son vistos con desconfianza y recelo, estigmatizados y señalados como personas peligrosas que “apoyan el terrorismo”.

Hoy vivimos momentos de coyuntura. Las FARC y el Gobierno colombiano se encuentran de nuevo en una mesa de diálogo; y el hecho nos podría llevar a pensar que las cosas son diferentes. No obstante, no debemos equivocarnos. Si la frase “solución negociada al conflicto” es hoy empleada por los medios, es solo una forma más agresiva de negar la salida política a la guerra en Colombia.

Esto no es nuevo. Durante los diálogos del Caguán, la frase “salida negociada al conflicto” también fue utilizada por los medios de comunicación privados; pero ahora sabemos que su intención, su estrategia de guerra, no era otra que preparar el terreno para la aceptación de un Gobierno que aseguró acabaría con la insurgencia en un periodo de cuatro años. La tarea fue encomendada a Álvaro Uribe Vélez, quién duró 8 años en el poder implementando el Plan Colombia, sin lograr derrotar a los grupos insurgentes. Sin embargo, una tarea si fue lograda: posicionar al país como un violador sistemático de los derechos humanos, con casos tan aberrantes que incluyen crímenes de guerra que conocemos como “falsos positivos”.

El Proceso de Paz del Caguán nos dejó enseñanzas importantes sobre el tema. Porque su experiencia demuestra que para intensificar la guerra, los medios recurren al tema de la paz y la salida negociada al conflicto como plan estratégico para justificar la guerra. Podemos observar cómo funciona su lógica: si la guerrilla acepta desmovilizarse y entregar las armas sin que ocurran cambios estructurales que pongan fin a la iniquidad del país, los medios promueven los diálogos y aplauden la buena voluntad de la insurgencia; pero si la insurgencia se niega a desmovilizarse en tanto no sucedan cambios en la estructura política, económica y social, es decir, hasta que no se garantice condiciones de vida digna para el pueblo colombiano, entonces los medios justifican la ruptura de los diálogos mostrando a la guerrilla como “culpable” del fracaso.

Y justificada la ruptura en las noticias, justificado el odio y la intensificación de la guerra contra “los culpables”: la guerrilla. De este modo la frase “salida política al conflicto” se convierte en víctima de esa guerra, y quienes se oponen a la vía militar, en víctimas de quienes les señalan de ser colaboradores de la insurgencia. 

Ahora volvamos a los momentos de coyuntura política del país. Vemos, al igual que en los diálogos del Caguán, que la paz convertida en noticia por los medios de comunicación privados, significa la guerra llevada al escenario de la conspiración contra la justicia social del país.

Pero los alcances de los medios son mayores. Porque sostener la guerra como forma de prolongar la injusticia y la desigualdad en un pueblo, implica cumplir una tarea más siniestra: convertir la paz en una guarida para la desigualdad y la injusticia del país.

Para los medios del capital, el conflicto colombiano carece de causas y orígenes. Es su misión presentar el alzamiento armado en Colombia como un acontecimiento sin antecedentes. Por tanto, para ellos no existen procesos de paz que pongan fin a los problemas sociales que originaron el conflicto; su estrategia es la imposición de palomas blancas en mentes en blanco, una paz de vencidos y vencedores donde solo hay cabida para la rendición de los grupos insurgentes. Todo es un reality mediático que semeja libros de superación personal llevados a la pantalla, y que se encargan de desaparecer las causas que dieron origen a la insurgencia, al igual que ocultan la permanencia y profundización de las mismas.

Noticieros, presentadores y periodistas se ocupan de presentar el conflicto en Colombia como un acontecimiento sin memoria. Pobreza, injusticia y terrorismo de Estado, desaparecen de la bandeja de programación al hablar de paz, y también se excluyen como causantes primordiales del alzamiento armado en el país.

Con sus cámaras y micrófonos convierten la paz en un reality donde los fusiles de la insurgencia deben entregarse a cambio de camisetas blancas, taxis, capacitaciones para crear microempresa, y uno que otro puesto en el Congreso de la República, sin que ocurran cambios en el modelo económico, político y social del país.

Es el reality de los medios del capital imponiendo el libreto para hablar de paz, donde el Gobierno es el protagonista presto a repetir cada una de sus páginas.

“Ni modelo económico ni doctrina miliar están en discusión”, es la primera línea a memorizar; ensayada luego frente al espejo como si se estuviese en la mesa de diálogos de paz; repetida una y otra vez hasta lograr naturalidad; y finalmente dejada en libertad para ser divulgada por los negociadores del Gobierno, tal como ocurriera el 18 de octubre de 2012 en Oslo. Es un libreto hecho a la medida del tirano, que en una línea deja claro el mensaje del Estado: con el pueblo no se discutirá el modelo que lo condena a la miseria, ni habrá cambios en las estructuras responsables de la iniquidad, el saqueo transnacional, la represión, y el terrorismo de Estado en Colombia.

“Paz con justicia social” es la frase que molesta a los medios del capital. Es para ellos un fastidio la paz rebelde del pueblo colombiano, les incomoda, porque se opone a la paz como guarida para el silencio y negación de los problemas históricos de la sociedad. Es clara la razón; miseria, injusticia, corrupción, saqueo transnacional, y terrorismo de Estado, no son temas a resolver en la paz de la superación personal que imponen los medios de comunicación privados. Su paz es la continuidad de las causas del conflicto, pero con los fusiles de la insurgencia silenciados.

Todo está escrito en el libreto para negar la justicia social que requiere el país. Pero también se escribe para desconocer el conflicto que diariamente padecemos. Hay hechos que lo confirman. Cada vez que el Gobierno rechaza la toma de prisioneros realizadas por las FARC, sirve para ratificarlo. Porque su propósito de calificar como “secuestrados” a los prisioneros de guerra es solo parte del reality que niega las dinámicas cruentas del conflicto, y un distractor para evadir las discusiones de fondo que exigen cambios en el modelo de desarrollo del país, como es el caso de la Política de Desarrollo Rural y Agrario Integral ampliamente debatida por el pueblo colombiano en diciembre de 2012.

Hagamos un paréntesis, o tal vez una claridad. La toma de prisioneros es una expresión del conflicto interno que el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos reconoció para asegurar jurídicamente los bombardeos[3] contra la insurgencia, el mismo conflicto interno que hoy niega cuando califica de “secuestrados” a miembros de la fuerza pública que se desempeñan como combatientes y que son capturados por las FARC.

Es este uno de los hechos más dicientes y vergonzosos realizado por los medios de comunicación privados en Colombia; en cada canal, y en cada uno de sus programas, desconociendo a los prisioneros de guerra como una realidad concreta del conflicto.

Los medios actúan en modo sincronizado para reproducir las necesidades de guerra del Gobierno. Y el anterior, es tan solo un episodio descarado de su actuar. Funcionan como simples reproductores de la versión oficial del Estado. Y utilizando el monopolio de la audiencia del que gozan, se imponen como versión única del conflicto. Los medios no buscan fuentes de información, ni siquiera buscan las fuentes oficiales del Estado, porque hacerlo significaría que se están buscando a sí mismos. Son los medios, por tanto, fuente directa del conflicto integrada al orden político, económico y social que perpetúan con cada Gobierno.

Es fácil entender ahora por qué su accionar solo se enfoca a promover el odio hacia la insurgencia –su enemigo–, mientras oculta los miles de crímenes cometidos por el Estado.  

La sociedad desconoce, en su mayoría, el conflicto colombiano. La carencia de fuentes para conocerlo, así lo determina. Pocos son los periodistas que se atreven a informar sobre la versión de la insurgencia. Y quiénes se atreven a hacerlo, se convierten en objeto de señalamientos, estigmatización y persecución estatal.

La versión única del conflicto ejerce monopolio sobre la audiencia e imposibilita construir un criterio autónomo frente a la guerra. Se conocen las armas del conflicto, pero se ignora la condición humana de quien las empuña contra el Estado. Como fuente oficial, los medios humanizan solo a los combatientes que defienden al  Gobierno, al tiempo que niegan la condición humana de los combatientes de la insurgencia. De este modo se justifica la pena de muerte en el imaginario de las personas. Porque “dar de baja”, dar muerte a un ser despojado de su humanidad, no representa motivo de reflexión para lo sociedad, es obvio que no lo representa, pues es la sociedad quien ahora aclama por los actos de sangre: “hay que acabar con esos terroristas”, son sus palabras, pero recordemos que inducidas por otros. Esto constituye una de nuestras grandes tragedias. A quienes siempre hemos abogado por la humanización de la guerra, su regularización, ahora nos sobreviene una tarea más profunda: la guerra de los medios debe tener como respuesta el trabajar por la humanización de la sociedad, a luchar para rescatarla del odio, y recuperarla de nuevo para la vida y su defensa.

Con la estrategia del odio polarizan la sociedad contra cualquier posibilidad de diálogo de paz con la insurgencia colombiana. Aunque también cumple otro objetivo, despojar al adversario de toda condición política, y, en consecuencia, del uso de la palabra. Es de esta forma como operan para silenciar la otra historia de la guerra y sus acontecimientos.

Sin embargo, existe la posibilidad de conocer la otra historia del conflicto. Distintas fuentes de información reposan esperando ser analizadas. Sabemos que la guerra es también una confrontación mediática, y la insurgencia cuenta con presencia en esa dinámica del enfrentamiento. Sus audios, videos, fotos y documentos reposan en el mundo de la virtualidad para ser consultados. Y quienes pretendan estudiar el conflicto deben acudir a estas fuentes sin temores, sobre todo quienes ejercen la docencia y la investigación universitaria. Porque la universidad no puede ser un lugar de censura para hablar del conflicto con todas las voces que lo componen. Ya conocemos la versión de los medios privados, ahora debemos conocer la versión la insurgencia. El no hacerlo constituiría un hecho de suma irresponsabilidad, pues estaríamos evadiendo el camino hacia la lectura autónoma del conflicto.

Pero consultar las “dos fuentes oficiales” no representa la solución. La historia del conflicto siempre estará inconclusa si no surgen otras versiones desde del periodismo independiente. De allí la importancia de los medios alternativos y populares, por su tarea decidida de informar los acontecimientos sobrepasando la versión oficial del Gobierno y la insurgencia. 

Por ello a los medios alternativos les atañe una noble misión frente al conflicto: curar a la sociedad del odio que la ciega, esto significa, despertarla para que sea su camino la lucha por la solución política al conflicto y la paz con justicia social.

No obstante, lo anterior solo debe ser una de nuestras banderas. En tanto que nuestra mirada no puede detenerse solo en ejércitos y cuerpos policiales que sostienen la guerra y ejercen control sobre las poblaciones. Más allá del sostenimiento de la guerra, el ocultamiento de las injusticias y los crímenes de Estado, los medios privados tienen como objetivo promover el odio a la crítica y a quienes la ejercen contra la sumisión.  

Nunca antes como hoy luchar contra la corrupción, la injusticia y la tiranía, había sido tratado con tanto desprecio por quienes padecen las infamias del tirano. El control sobre la sociedad y el grado de afectación en su cotidianidad ha sido tan fuerte y prolongado, que su logro está en hacernos parecer personas no deseadas, rechazadas y aisladas por una sociedad que yace confundida y, en su mayoría, resignada a la opresión.

Hace poco más de un siglo, Oscar Wilde anotaba que en “la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos”. Sin embargo, el orden actual de las cosas sobrepasa esta tragedia. Ahora no solo se trata de las máscaras que llevamos ante la sociedad. Es la sociedad, en sí misma, una gran máscara, una ilusión de libertad creada por los medios del capital. Es aquí donde un proyecto de comunicación alternativa retoma su importancia. Porque se trata no solo de informar lo que el capitalismo oculta tras sus medios. Su tarea es de más largo aliento. Desenmascarar la sociedad, y dejar desnudo el esqueleto de resignación y sumisión que la caracteriza, constituye un objetivo fundamental de su quehacer.

Estamos enfrentados al odio como estrategia de satanización hacia las luchas populares y como medio para sostener la guerra, saberlo de ante mano, es asumir con responsabilidad el espacio que queremos transformar con la comunicación alternativa. De ello dependerá el acierto de nuestros proyectos o, caso contrario, qué tanto desconocemos de la dominación.

Lo que está en juego es la recuperación de la memoria de nuestros pueblos, su carácter soberano, y su criterio autónomo frente a los hechos. El trabajo de la comunicación alternativa radica en arrebatarle el mundo a la virtualidad creada por los medios privados, despojarlo de sus máscaras, despertarlo de la sumisión, y recuperarlo para vida solidaria de los pueblos.


[1] Documento presentado en el Primer Foro Conflicto, medios y solución política, organizado por la Marcha Patriótica del departamento del Valle del Cauca, el Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano (PUPSOC), y la Red de Medios Alternativos y Populares (REMAP). Santiago de Cali, febrero 28 de 2013.
[2] Aprobado en el Congreso de Estados Unidos el 11 de julio de 2000, el Plan Colombia plantea cuatro componentes: 1) Solución Política Negociada al conflicto, 2) Recuperación económica y social, 3) Iniciativa contra el Narcotráfico, 4) Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social. De los cuatro, centrémonos en el tercero, Iniciativa contra el Narcotráfico, porque sirvió de justificación para fortalecer el del aparato militar colombiano, a través de la ayuda económica norteamericana para fines contrainsurgentes. Y los fines “sociales” que –aún– presume contener, son simplemente su cortina de humo, al igual que la inclusión de una iniciativa “enfocada” a la solución negociada del conflicto. Por ello, es necesario centrarnos en sus tres primeros años de ejecución para establecer cuál fue su comportamiento durante el Proceso de Paz adelantado en aquel entonces. Por ejemplo, la investigadora María Clemencia Martínez anota que en los tres primeros años, el presupuesto asignado a la negociación del conflicto representó solo el 1% de los dineros asignados por Estados Unidos, mientras que el componente militar se fortaleció abismalmente, si tomamos en cuenta los datos de la División Nacional de Planeación que, en informe de  septiembre de 2003, reporta que con el Plan Colombia “la Fuerza Pública incrementó su capacidad helicoportada en 77% y el número de aviones en 16%”, así como también “aumentó en 320% la capacidad aeromóvil del Ejército y en 57% la de la Policía”. Y por tanto, durante esos tres años de ejecución, la investigadora concluye que “los recursos provenientes de Estados Unidos, que son la mayoría del total proyectado para cubrir el Plan Colombia, se han orientado a financiar el tercer componente, definido como la Iniciativa contra el Narcotráfico, con una participación mínima en el componente de Fortalecimiento Institucional y Desarrollo Social”. Véase EL PLAN COLOMBIA DESPUES DE TRES ANOS DE EJECUCION: entre la guerra contra las drogas y la guerra contra el terrorismo, de María Clemencia Martínez. Disponible en:http://www.mamacoca.org/Octubre2004/doc/EL_PLAN_COLOMBIA_DESPUES_DE_TRES_ANOS_DE_EJECUCION.htm#_ftn24   
[3] Ver las declaraciones del presidente Juan Manuel Santos: http://youtu.be/2GDq0DQZNp0

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